El Multiverso es un gigantesco patio de recreo.
Al contrario de lo que defienden los débiles, y los necesitados…
me encanta esta palabra, por cierto: necesitados;
tiene un toque de desamparo, de desesperación,
que no me canso de oírla.
Iba diciendo… Al contrario de lo que ellos defienden,
ese ideal suplicante y siempre frustrado de justicia,
la naturaleza misma del cosmos nos enseña que el fuerte sobrevive,
el inteligente se adapta, el más capaz evoluciona,
y el resto existe para ser devorado.
Tú has tenido mucha suerte. Has nacido en buena posición.
Tienes muy buena base para empezar.
¿Por qué vas a renunciar a tu buena fortuna?
¿Por qué renunciar a tu prosperidad? ¿Por qué regalarlo?
Mi Señor puede darte lo que desees.
Puede entrenarte para que lo reclames.
¿Quieres placeres prohibidos? ¿Esclavos?
¿Quieres sentir el regocijo único de hacer sufrir a otros
mientras tú disfrutas observando desde tu trono?
¿Deseas blandir un poder incontestable
y que tus semejantes tiemblen con sólo pensar en tu ira?
Al servicio de Tsotno dejarás atrás tus límites,
tus escrúpulos, tus ataduras, tus miedos.
Al servicio de Tsotno sólo deberás temer a Tsotno.
Y lo único que se te pide a cambio es algo muy natural:
Ambición. Hambre.
Tsotno, quien ostenta el título de Mal Primigenio, se considera una de las primeras consciencias del Multiverso, la primera pulsión de egoísmo y violencia que eones después daría lugar a la individualidad malevolente de los seres.
Acorde a sus billones de seguidores, no existe poder más grande ni voluntad más indomable que la suya, y es sólo la unión de todo el resto de poderes combinados en el panteón, ya sean benignos, neutrales o malignos, la que consigue retrasar, pero no impedir, el sometimiento final de todas las cosas.
Tsotno posee incontables legiones de demonios a su cargo, pero a diferencia del otro señor demoníaco hace mayor hincapié en la calidad y el poder de agentes individuales que en la confianza absoluta en los números. Por otro lado, además de sus demonios, es una de las deidades que más cantidad y variedad de sujetos del Multiverso atrae hacia sí, ya que la maldad y la corrupción anidan potencialmente en todos los pueblos libres, razas indómitas, elementales y seres extraplanares, y una vez se ha dado un paso en dirección a la maldad pocos tienen tanto que ofrecer como Tsotno. Aquellos que tienen una maldad más distinguida son tocados directamente por Él, convirtiéndose en Púrpuras de Tsotno: esto es una transformación que hace crecer en tamaño al sujeto, rodeándolo de un aura de energía púrpura y con un brillo violáceo surgiendo de sus ojos; sea cual fuere su nivel de poder anterior, esta bendición impía del Mal Primigenio aumenta exponencialmente las capacidades del sujeto, convirtiéndolo en una amenaza incluso para enemigos que, anteriormente, habrían podido deshacerse de él con un par de golpes.
A Tsotno se le representa como una potente luz violácea, un ojo demoníaco con el iris morado, o directamente con el cráneo de alguna criatura aberrante rodeada de un aura de ese color.