¿Riquezas? El oro no es problema.
Las fronteras no son problema. Las leyes, tampoco.
Tu curiosidad, que han amputado, es algo natural.
¿Tu fuego, tu ansia? ¿Es que acaso no eres humano?
No, hermano, tu naturaleza no es un problema.
El problema es que te han enseñado a agachar la cabeza,
a dejarte pisar, a aguantar las risotadas, a aceptar la derrota.
El problema es que te has acostumbrado a vivir así:
frustrado, triste, soñando despierto con aquello que te han negado.
Pero en tus ojos todavía hay una chispa,
esa que se atreven a llamar locura, o maldad.
Maldad es la suya, que te tiene amordazado,
maniatado, impotente, infeliz.
Cuando saborees tu venganza, conocerás el éxtasis;
cuando les arrebates lo que tanto añoras, vivirás tu sueño.
Luego tendrás que marcharte, por supuesto.
Pero eso no es malo. ¡En absoluto!
Hay un mundo de maravillas ahí fuera.
Maravillas por reclamar.
El también llamado Señor de la Venganza, El Gran Colonizador o El Cazador de Tesoros es venerado por una miríada de individuos de la más diversa índole: aventureros sin escrúpulos en busca de dinero, poder y gloria; personas resentidas que buscan venganza contra sus oponentes a cualquier precio, conquistadores de nuevos territorios y reinos recién descubiertos, invasores de otros mundos y también todos aquellos que se hayan beneficiado de su favor o del de sus sirvientes en el pasado, ya que algo que Surama-Otón jamás perdona es ser abandonado o traicionado por los suyos. Por lo tanto, al margen de los individuos que optan por seguirle voluntariamente, que se cuentan por millones, aquellos reinos y mundos sometidos a él a lo largo de generaciones en muchas ocasiones lo siguen por miedo a las catastróficas represalias que sin duda Surama-Otón tomaría en caso de ser repudiado.
El propósito de Surama-Otón en el Multiverso es misterioso, ya que por inmenso que sea el cosmos, eventualmente cada rincón quedaría explorado, cada tesoro expoliado y cada enemigo asesinado. A qué se dedicaría entonces el Gran Colonizador es un debate que sigue vigente entre teólogos de gran
cantidad de mundos, siendo que algunos defienden que existe un plan muy a largo plazo que la deidad no ha revelado a nadie (que se sepa), tentando a sus sirvientes con promesas y objetivos mucho más inmediatos y terrenales; mientras que otros defienden que, sencillamente, enloquecería al verse desprovisto de enemigos y pasiones.