Si un dragón te acepta como sirviente,
y créeme que no hay mayor honor en el mundo terrenal,
es porque eres poderoso, o tienes potencial.
De lo contrario no serías sirviente, sino esclavo,
y no te aguardaría la gloria, sino el olvido.
Yo comencé como su enemigo, iluso de mí.
Me uní a una comitiva de aventureros reputados,
atiborrados de objetos mágicos, de pociones,
un equipo multidisciplinar capaz de cualquier cosa.
Cuando hicimos público que pretendíamos cazar al dragón
no tardamos demasiado en encontrarlo,
ya que fue él quien se presentó ante nosotros.
Se irguió, inmenso como una montaña, exhalando humo y fulgor,
con una mirada frenética como dos soles furiosos;
sus alas desplegadas parecían nubarrones de tormenta.
Esa criatura no era sólo poder.
Era inteligencia genial, orgullo desmedido,
la última etapa en la evolución de los seres.
Me postré ante él y le supliqué clemencia,
me ofrecí como su sirviente y pupilo,
aceptando cualquier precio que me impusiera.
Recuerdo su risa, potente como un seísmo,
audible por encima de los gritos de mis compañeros,
de las explosiones y el crujir de huesos y metal.
Permanecí en el suelo hasta que una de sus uñas se posó en mi
hombro, causándome un dolor como jamás he sentido,
y escuché su voz, profunda en mi mente, atrapando mi alma,
curioso, casi divertido, que decía: “a ver qué hago contigo”.
Algunos me llaman traidor. Los muy estúpidos.
Soy un Caballero del Dragón,
lo más noble y digno entre los míos.
Que otros juren lealtad a las hormigas.
Lizario, además de ser uno de los dioses más temidos y se cree que de los más poderosos, tiene una particularidad única en el panteón: nadie ignora, ni hay ningún atisbo de duda, acerca de cuál fue su origen. Nacido dragón en algún plano terrenal, fue el primero de su especie en rebasar todos los límites de la carne, el intelecto y el espíritu alcanzando la condición de deidad, en un punto de la historia ya olvidado, milenios atrás.
Se cree que el propósito de Lizario para el Multiverso no es otro que la dominación total de todo cuanto existe, a fin de convertirse en Soberano Absoluto. Qué haría con el cosmos una vez bajo su control es algo que escapa de la imaginación mortal. Los más optimistas afirman que forjaría nuevos horizontes de evolución arcana, ingeniera, artística y social al poner fin a las guerras y existir todas las sociedades bajo una misma ley. Otros afirman que sería el infierno en vida.