No es raro encontrar simpatizantes de la Bondad Absoluta aquí y allá. Muchos lo son por herencia cultural, o por costumbre de la zona. Y la mayoría de personas civilizadas de cualquier raza no te discutirán que con paz, armonía y cariño se llevan vidas más plenas y felices.
No obstante, no son tan comunes de encontrar aquellos que han sido realmente tocados por su Luz, ni son tan sencillas de llevar a la práctica sus enseñanzas. Esos individuos son capaces de verse en medio de una situación violenta y limitarse a rezar por el alma de sus enemigos. Aquellos capaces de canalizar sus poderes divinos han sido vistos apoyando con magia curativa a guerreros y magos que se enfrentaban a poderes demoníacos, canalizando esta siempre a sus aliados, nunca a sí mismos. Huelga decir que estos sacerdotes son defendidos por sus compañeros con una lealtad fanática.
Siempre me ha parecido que su mirada tranquila y su sonrisa melancólica ocultan un conocimiento oculto, una verdad que al resto se nos escapa. O tal vez sean una manifestación de la que dicen que es su mayor fortaleza: una esperanza inquebrantable.
Ánima representa la bondad en su sentido más abnegado y puro. Símbolo último del perdón, el diálogo y la paz, cualquier tipo de violencia es mal vista por los seguidores de la diosa.
A diferencia de otras deidades benignas, que son más estrictas con respecto al castigo de los malhechores y la impartición de justicia, la también conocida como La Bondad Absoluta, El Amor Incondicional, Luz Inextinguible o Madre de Todos se enfoca en las virtudes del perdón, la redención y la purificación.
Una gran mayoría de teólogos la consideran la diosa más antigua, quizá junto a Tsotno, quien representa su contrapartida directa. No obstante, es una creencia bastante arraigada que el inicio de la existencia y la vida tuvo que partir de una fuerza creadora y vital, no destructiva, por lo que hay quienes le otorgan el título de Primera Existencia.
Las Enseñanzas de Ánima establecen que aquellos que perecen en un estado de paz espiritual y sin negatividad en su corazón, aquellos inocentes o justos, son invitados al Seno de Ánima, un estado de comunión mística, paz y plenitud con la misma diosa en el cual no vuelven a sentir peligro, miedo, desesperación o dolor nunca más.